domingo, 17 enero, 2021

El partido Socialista Obrero Español estuvo presente en la elaboración de la Constitución de 1978, Fuimos arquitectos y arquitectas de su construcción, la que propició el que España esté hoy entre las mejores democracias del mundo.

Editorial de ‘El Socialista’

El seis de diciembre conmemoramos, una vez más, el refrendo que los españoles dimos al texto constitucional que hoy es el pilar fundamental de nuestra vida democrática. Aquel lluvioso día de diciembre de 1978 las urnas se llenaron masivamente con la esperanza sincera de dejar definitivamente atrás un periodo dictatorial demasiado largo y poder enfrentar el futuro en libertad.

La Constitución de 1978 es el fruto de un momento excepcional de nuestra historia contemporánea, en el que coincidieron circunstancias, hombres y mujeres imprescindibles que encararon con valentía y responsabilidad el proceso pacífico de la transición política.

Han pasado 42 años, la sociedad se ha transformado profundamente y la Carta Magna se ha convertido en un excepcional patrimonio colectivo que nos permite ser una sociedad moderna y abierta. Nuestra Constitución ha propiciado un periodo sostenido de estabilidad política democrática y la transformación de nuestras estructuras económicas y sociales.

Constituye la promesa de convivencia y tolerancia, de encuentro y de reconciliación, de apuesta por un futuro común. Es una invitación que se mantiene con el paso de los años. Podemos sentirnos profundamente orgullosos de los valores que basan nuestra Constitución y que la convierten en garante de nuestra democracia, de nuestras libertades y nuestra convivencia pacífica.

El partido Socialista Obrero Español estuvo presente en su elaboración. Fuimos arquitectos y arquitectas de la construcción de una Constitución que propició el que España se encuentre hoy entre las 20 mejores democracias del mundo.

Como socialistas vivimos esta Constitución como el marco que se ha demostrado válido para encauzar la reivindicación pacífica de los intereses de los ciudadanos y ciudadanas. Es un vehículo que nos permite extender y consolidar nuestra presencia en la sociedad, para avanzar en la superación de las desigualdades y profundizar en el desarrollo de las instituciones democráticas. Es, en definitiva, el campo de juego desde donde ha de construirse pacíficamente el socialismo democrático.